Principios básicos sobre astrología

por Paris Antonio m.g.

actualizado el 4/4/2021


Esta página esta dedicada tanto a estudiantes como a consultantes. Es un primer borrador de unos pocos puntos sencillos que cabría tener en cuenta como paso previo a una introducción a la astrología, antes de abordarla directamente. Creo que la consideración de estos principios proporciona una base imprescindible para enfocar de forma clara de qué estamos hablando; de tal manera que van a ahorrar, sin duda, considerable pérdida de tiempo y quebraderos de cabeza. En realidad, pienso que sin ellos no se puede entender absolutamente nada. Se observará además que están interconectados unos con otros. Idealmente, como tantas otras cosas en astrología, esto debería ser consensuado en una comunidad de estudiantes y profesionales, pero como en  realidad la práctica astrológica está altamente individualizada, no queda más remedio que exponerlos a título enteramente personal y enmarcados en la sociedad española en la que vivo. Seguramente iré añadiendo otros y haciendo modificaciones posteriores.

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  • Historicidad. La astrología es milenaria: prácticamente nace con la historia conocida.  En su forma básica horoscópica helenística occidental, sus raíces se hunden en una profundidad temporal de más de 2000 años, a los que podríamos añadir otros 1500 teniendo en cuenta sus orígenes mesopotámicos. Por tanto, no estamos tratando con una moda más, ni con un invento new-age, ni con un añadido exótico para la sección de pasatiempos de la prensa del pasado siglo. La astrología es sabiduría perenne, con una dimensión histórica considerable, pese a que irónicamente sea comúnmente soslayada en lo que a historia se refiere.
  • Sincretismo. La astrología clásica occidental ha florecido regada por diversas culturas a lo largo de su devenir histórico, a saber: mesopotámicas caldea y babilónica, egipcia, india, helenística greco-romana, persa, arábiga, hebraica, medievo y renacimiento europeo. Pese a su denominación de «occidental», no del todo exacta, no pertenece a una sola cultura o civilización individual sino que es una suma de aportes, de enriquecimiento y refinamiento.
  • Heterogeneidad. Como no existe un método universal de comprobar cualquier afirmación de carácter astrológico de una forma positiva e irrefutable (ya que la astrología se refiere a cualidades en lugar de cantidades) la validación de ésta se efectúa de acuerdo a una práctica individual y subjetiva, dando a lugar a gran suma de métodos y escuelas. No se puede demostrar, de manera indiscutible, que una forma sea la mejor sobre otras y por eso hay tantas corrientes, tal y como ocurre en la filosofía, la psicología, o el arte, por ejemplo. En astrología hay diversidad, no pensamiento único; de ahí los distintos zodiacos, sistemas de casas, tipos de aspectos, etc...
  • Las astrologías. En consecuencia con los puntos anteriores, no se puede hablar de una sola astrología monolítica en singular sino de «astrologías» en plural, o más bien de «escuelas astrológicas» varias. Cuando se utilizan expresiones tales como: «la astrología dice tal o cual cosa» o «según la carta natal, esto o lo otro»; se puede crear enorme confusión, si quien lo oye no entiende que se está hablando desde una corriente o escuela muy determinada entre una amplia diversidad histórica-cultural. No se puede afirmar que exista algo como «la astrología» a secas, sin entender «la astrología de tal escuela, de tal periodo, de tal cultura, corriente de pensamiento, etc...». Y esto es particularmente importante en nuestra época en la que la astrología se halla tan expandida como fragmentada. Hay que especificar. Por tanto, cuando yo particularmente hablo de astrología, me refiero a la que yo personalmente he estudiado, a la que yo entiendo, a la que yo practico: que puede ser muy diferente e incluso contradictoria respecto a la astrología que han estudiando, entienden  o practican otras personas.
  • Regla de la contradicción intra-astrológica. Este es sin duda el punto que puede causar más perplejidad y confusión tanto en estudiantes como en consultantes, pero conviene asumirlo de entrada para saber lo que nos vamos a encontrar constantemente. Esta regla viene a decir que: «cualquier método, regla, interpretación o afirmación, que una escuela, corriente astrológica o astrólogo particular, considere como efectivos y sumamente importantes, van a ser ignorados, despreciados, rechazados o incluso combatidos por otros tantos». No hay acuerdo, no hay unanimidad: en astrología 2 y 2 no son 4, siempre hay variantes, puntos de vista, interpretaciones y experiencias distintas. Lo vemos en los enfoques (¿Astrología tradicional o astrología psicológica moderna?); en el uso de los diversos sistemas de casas (¿Plácidus o Koch?, etc…); en la elección de un u otro zodiaco (¿Trópico o sidéreo?); en el uso o desuso de la variedad de elementos que pueden componer una carta astral: lotes, nodos, asteroides, puntos-medios, etc… también en las innumerables técnicas: direcciones, progresiones, profecciones, atacires, tránsitos, revoluciones, etc… e incluso en el significado de los puntos básicos como planetas, signos, casas y aspectos. Todo esto, que ya ocurría en la antigüedad pero que se manifiesta exponencialmente hoy día, evidencia que la astrología se fragmenta más y más a medida que se expande.
  • Dimensión personal y artística. Dadas la diversidad, especialización y la fragmentación de la astrología, el astrólogo como sujeto que la ejerce tiene una importancia capital. El «quién» importa, no da igual: no se te va a decir lo mismo si vas a hacerte una carta natal con John Frawley que con Liz Greene, por ejemplo. Las visiones y corrientes diferentes acaban materializándose en técnicas distintas que llegan a resultados, si bien en parte similares, posiblemente muy alejados entre sí en sus conclusiones. Aunque no resulte absoluto, hay un grado considerable de componente personal, creativo, intuitivo y por tanto intransferible: tal y como ocurre en el arte.
  • Astrología no es astronomía. Curiosamente en ocasiones se confunden estos términos y conceptos cuando realmente no tienen nada que ver, ya que responden a planos de realidad completamente diferentes. La astro-nomía («nómos» del gr. «regla» o «norma») estudia la parte matemática necesaria para ubicar a los diferentes astros en el tiempo y en el espacio: trabaja con cantidades mensurables y se refiere a objetos materiales. La astro-logía, en tanto que «logos» (del gr. «palabra», «intelecto», «sentido»), es un lenguaje cósmico que traduce la cualidad de los sujetos celestes articulando un relato con un significado concreto para una consulta dada. Donde la astronomía ve sólo piedras que se mueven sujetas a leyes matematizables, la astrología contempla símbolos cuya naturaleza inefable se nos muestra como divinidades mitológicas: Marte (el dios de la guerra) o Venus (la diosa del amor) etc. La astrología requiere del conocimiento astronómico para realizar sus cálculos previos, pero a partir de ahí penetra en una visión del mundo inconcebible para lo que hoy se entiende como astronomía y astrofísica.
  • Mala divulgación (e incluso anti-divulgación). En general y salvo honrosas excepciones, la astrología de largo viene siendo bastante mal presentada al público, quizás porque la dirección de la divulgación masiva no ha estado a cargo de quienes realmente han poseído un conocimiento práctico y profundo sobre el tema, o porque respondían a otros intereses. Por el contrario, se ha propagado una versión extra-simplificada y de baja calidad, por parte de medios que ofrecían mero entretenimiento en lugar de la difusión de un conocimiento valioso con el debido respeto y aprecio. La astrología culta está censurada en los grandes medios, y en las pocas ocasiones en que se ha tratado, se le ha venido dando más protagonismo a voces contrarias que a quienes realmente saben del tema. Afortunadamente, esto está cambiando en los últimos tiempos gracias a internet, de manera que ya hay profesionales (en una minoría, eso sí) haciendo una labor divulgativa excepcional y sin precedente en cuanto a la calidad.  No obstante, aún queda mucha inercia acumulada de la etapa anterior, con el lamentable resultado de que lo poco que la mayoría del público conoce sobre astrología suele ser muy confuso, erróneo, tergiversado o absurdo sin más.
  • La astrología se estudia. Precisamente el título de este sitio es para subrayar esto. Podemos estar de acuerdo con ella o no, pero lo cierto es que la astrología requiere estudio y bastante prolongado además. No es cuestión de decir lo primero que se nos ocurre de manera instantánea al ver una carta astral: la astrología se enseña, se aprende, se practica. Hay que conocer distintos atributos de los elementos que componen la carta y saber combinarlos de acuerdo a  unas reglas que siguen una metodología determinada según diferentes escuelas; analizar para después sintetizar y concluir; lo cual requiere paciente estudio previo,  reflexión y maduración, así como consulta bibliográfica. Por tanto, conlleva su tiempo, supone un gasto energético y constituye un trabajo. La experiencia te permite agilizar el proceso, pero no existe algo como «mirar superficialmente» o «por encima», como a veces ingenuamente se solicita: tienes que estudiar las cosas bien, porque hasta la respuesta más simple o escueta a una pregunta, como dar un solo «sí» o un «no» requiere todo el proceso más o menos completo.
  • Marginalidad. Debido a su propia peculiar naturaleza y su devenir en un tortuoso proceso histórico plagado de ataques, censuras, persecuciones y prohibiciones, la astrología es ampliamente desconsiderada en nuestra civilización actual. Vivimos en una cultura anti-astrología, que en general ya no es capaz de asimilar los conocimientos antiguos ni mucho menos generarlos sino más bien destruirlos, reprimirlos o degenerarlos y arrinconarlos al margen del sistema: en la periferia del mundo de lo «alternativo», el «misterio», lo «oculto»  y «esotérico». De este modo la astrología en la actualidad es «tolerada» (cuando hay un momento histórico en el que el poder político es más abierto) en su deformación inferior de pasatiempo popular mediático, rareza exótica del mundo del misterio, o actividad comercial dentro de lo que se conoce como «supermercado espiritual». Sin embargo, como conocimiento válido, como «logos» en su vertiente superior: es absolutamente rechazada y vista con recelo como una amenaza al paradigma vigente, o con desprecio al ser mal considerada como una superstición in-extinta de tiempos pretéritos. Por tanto, y muy importante esto: no cabe esperar un mínimo reconocimiento público o consideración seria e información fidedigna por parte de organismos, medios e instituciones próximos a, o dependientes de, un poder sistémico que ha condenado a la astrología relegándola al ostracismo. Todo al contrario, en todo caso, la astrología es víctima de burla, desprecio y expuesta como modelo de mal ejemplo.
  • La astrología no es para todo el mundo. Aunque resulte impopular esta afirmación y ciertamente anticomercial, en honor a la verdad es algo que hay que advertir. En consecuencia lógica con el punto anterior: no todas las personas están preparadas para comprender o asumir las implicaciones que se derivan de una práctica astrológica cabal o de la consideración de la astrología como una verdad positiva, en el sentido operativo. En tanto que sabiduría perenne, en principio, tenemos la facultad de poder reavivar en nuestro interior cualquier visión por muy alejada que parezca del actual paradigma. Pero eso no a todo el mundo le surge espontáneamente de forma natural, sino que supone un esfuerzo de asimilación y cierto cuestionamiento del esquema cognitivo impuesto culturalmente; algo que la mayoría de la gente no se halla en disposición de realizar. De manera que cuanto más bajo y simple es el nivel de la astrología en cuestión, más popular es, mientras que a medida que vamos ascendiendo de nivel resulta  progresivamente inaccesible por incomprensible para la mayoría (cosa que tampoco ocurre únicamente con la astrología). No se trata, pues, de una cuestión de exclusividad sino de la capacidad individual en el presente de evocar y re-conectar con ciertas miradas y principios que fueron desterrados y olvidados por nuestra civilización.



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